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LIBANO Y MALA CONCIENCIA

 

Extraído del "Noticias de Gipuzkoa" (7/9/2006)

 
El estado sionista destruyó un país por completo. Nada quedó a salvo: carreteras, viviendas, escuelas, hospitales, infraestructuras... bombardeos diseñados con bastante anterioridad al inicio formal de la agresión se llevaron por delante la vida de centenares y centenares de civiles libaneses.
Durante 33 días nadie dijo ni hizo nada significativo para detener la agresión. Solamente el gobierno de Venezuela llamó a consultas a su embajador en Israel.
La ONU, y su Consejo de Seguridad, asistieron como espectadores a la destrucción de un país. EEUU bloqueó una y otra vez cualquier tipo de sanción a Israel -por más que dudosa fuese su eficacia-. Una mala conciencia se apoderó de la opinión pública internacional. Para muchas personas, Israel por primera vez aparecía como un estado que basa en el terror y en la guerra sus relaciones con sus vecinos. Ni tan siquiera la tan recurrida y falsa excusa de "defenderse del terrorismo" sirvió esta vez.
El 11 de agosto el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobaba la resolución 1701. Formalmente marcaba el fin del conflicto bélico en el Líbano. Aunque acatada por Israel y por Hizbulá, esto no significa que ambas partes la consideren correcta y maravillosa. Lo que significa, desde mi punto de vista, es el "impasse" militar al que habían llegado los contendientes. No nos engañemos que ahora, afortunadamente, no haya conflicto bélico, no significa que se hayan puesto las bases para una paz duradera en la región. La aplicación de la resolución 1701 dependerá del equilibrio de fuerzas que se dé en el interior de Líbano y en Israel. En este sentido no deja de ser desafortunado que al mando de las fuerzas de la FINUL se ponga el contingente francés. Francia no es un estado neutral en Líbano. Tiene unos intereses concretos que sin duda defenderá y a unos sectores que apoyará. Otra cosa es que Hizbulá no se deje llevar, al menos durante un tiempo prolongado, al camino de difícil retorno que significa la guerra civil. Camino, por otro lado, ya andado en su día en Líbano. Las políticas de reconstrucción que se apliquen en Líbano nos servirán de significado elemento para ver por donde van las cosas.
¿Qué decir de Israel? El gobierno sionista volverá a iniciar conflictos bélicos en función de sus intereses, de la marcha de su política interna o
incluso, en función de los intereses de los EEUU en la zona. El gobierno americano animó, bendijo y apoyo con todos sus medios la agresión sionista. Es más, el Tsahal, ejército de Israel, ha sido en este caso el "chico de los recados" de los EEUU. Otro tema de difícil, por no decir imposible aplicación, es el desarme de Hizbulá en la zona delimitada de Líbano sur. ¿Quién los va desarmar? ¿A qué precio? Por otro lado no deja de ser significativo que las fuerzas de la FINUL se desplieguen en el país agredido. ¿Qué medidas concretas adopta la resolución 1701 contra el estado agresor? ¿Detendrán las fuerzas de la FINUL posibles ataques de Israel? No esta de más recordar que desde el inicio del alto el fuego, las violaciones de éste han procedido del lado sionista. En este contexto creo que no se puede apoyar laparticipación de tropas españolas en la FINUL. No serán fuerzas de paz porque no tienen ni medios, ni capacidad -ni posiblemente ganas- de frenar al estado agresor. Puede que algunos laven su mala conciencia con la citada participación. Mala conciencia de quién se ha mostrado incapaz de tomar medidas concretas para detener una agresión tan salvaje como la vivida por el Líbano. Incapacidad que viene dada en buena medida por el temor a la reacción de una derecha cada vez más valedora de los intereses sionistas.
J.M. Ferrera
Miembro del Area de Paz y Solidarirad de EB-Berdeak