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“Los hombres van en dos bandos. Los que odian y destruyen; y los que aman y fundan”.
(José Marti)

DOS AÑOS DE EPA

 

La verdad es que uno tiene la sensación de que aquella tortuosa Asamblea está perdida en la indeterminación del tiempo. Será porque las cosas buenas solemos tenerlas en el cajón más próximo de la memoria; y será porque los malos recuerdos son apartados al rincón del olvido. Es, tal vez por eso, que de aquel acontecimiento uno no sepa muy bien si ocurrió hace dos largos años, apenas doce meses o ni siquiera 700 días. Es lo que ocurre con esos hechos de la vida que uno no sabe si guardarlos en la carpeta de “lo que merece ser recordado, lo que merece celebración” o si, por el contrario, es uno más de esos que, sin pestañear, abandonamos en la “papelera de reciclaje”.
Tampoco sabemos si somos un acto de creación o un acto de destrucción. Aún así, yo también creo que “en la historia de los hombres cada acto de destrucción encuentra su respuesta, tarde o temprano, en un acto de creación”, tal y como Galeano nos susurraba al cerrar sus “Venas abiertas de América Latina”.

Y es que, cono todo y pese a todo, eso hemos querido ser este tiempo. Un acto de creación colectivo, una respuesta contra la destrucción , la ignominia y la mentira. Con mil errores, con desengaños, con ingenuidad, con muchas derrotas, con apenas victorias. Pero así es la historia de los de abajo. La historia de quienes desde abajo y desde la izquierda, como dice el Sup, se empeñan en anunciar que el mundo, y quienes lo mal-habitamos, puede ser una cosa infinitamente más decente.

DOS AÑOS DE ENCUENTRO:

Alguien dijo de forma espontánea, y sin maldad alguna, que EPA éramos un grupo de terapia o, simplemente, una terapia de grupo. Pues sí. Y a mucha honra. Represaliados, damnificados, perseguidos, torturados, calumniados, cabreados, re-cabreados…toda esa buena y mala “morralla” hemos convenido en juntarnos. Juntarnos y encontrarnos. Encontrarnos y arroparnos.
En su momento dudábamos si éramos un Espacio. O si éramos un Encuentro. Dicen que los nombres predeterminan el devenir de las cosas. El encuentro implica más cercanía, más complicidad. Será por eso que del Encuentro nominal surgió el Encuentro vital. Aunque, seguramente, ya mucho antes de saber, incluso nosotros mismos de nuestra existencia, ya había lugar para las caricias, el arrope y la sonrisa cómplice. Ya había, entonces, Otxandiano y aquel viaje a Madrid y tantos momentos de duda, incertidumbre…y miedo. Ese miedo que sólo pueden sentir los que desde antes del combate ya saben que están destinados a la derrota y al dolor.
No sé si hemos conseguido hacer realidad entre nuestra gente eso de la izquierda amable. Tampoco sé si podemos sacar pecho y decir que hemos cumplido con eso de la ternura. En el arduo intento y en el esforzado empeño por conseguirlo hemos dedicado este tiempo. A veces, creo, que hemos estado cerca de nuestra gente que tan mal lo ha pasado. Otras, en cambio, compañeros y compañeras de EPA han sufrido, en silencio, este doloroso proceso de descubrir que la capacidad de aniquilarnos habita en mucha gente que se auto-proclama de izquierdas.

Aún así, basta con pensar qué habría sido de tantos y tantas militantes abandonados a su suerte en esta deriva para saber que EPA tuvo, y tiene, una sólida razón para la existencia: ser un muro de contención contra el desánimo, la solidaridad frente al desaliento, la palabra compañera ante la palmada oportunista y traicionera.

DOS AÑOS DE PLURALIDAD:

Pensando sin barandillas. Debatiendo sin sectarismos. Consensuando sin trampas. Así es como se gestiona, o debería al menos, la pluralidad. Diversidad de procedencias, de familias ideológicas, de colores. Eso hemos sido EPA. Con nuestros más y nuestros menos, como no podía ser de otra forma. Ése fue el riesgo, la apuesta. Y, mal que bien, hemos sabido salir al paso de los retos. Los más políticos y los más de talante.
Soberanistas, federalistas, nacionalistas, confederalistas. Desde la libertad, el respeto, la discusión (unas veces más cómoda y abierta, otras más incómoda y agria).
Y es que, en EPA, nos hemos venido a arrejuntar toda una panda: jóvenes, más jóvenes, mayores, más mayores, social-demócratas de los buenos, eco-socialistas de los de verdad, feministas, sindicalistas, zapatistas, un poeta, un maquinista de tren creo que también, algún trosko que otro, algún concejal también nos queda (otros y otras dijeron YA BASTA), aprendices de la lengua navarrorum, mochileros llenos de libros. Por tener tenemos hasta un ex-director de bienestar social. Y hasta aguantan dos resistentes en las Juntas de Álava. Y los hay que, de emprendedores, se montan un video club de lo más apañado. Y, claro, como éramos tan tan jóvenes, pues los hay que en los estudios siguen. También hay rumores de que en EPA algún guiputxi hay, pero eso está por confirmar. Y, si queremos, podemos tener autobús que ya tenemos chofer, Está nustro sector viajero: en la Barcelona estatutaria, en la Paris eterna, en el Salvador martirizado y hasta en la Camboya de Pol Pot. Y, ahora, también Madrid cuentan que estamos haciendo Historia.
Alguno dice que ya sólo milita en la red. Y luego está nuestro sector republicano abrazados a la tricolor y recitando eso de la “libertad, la igualdad y la fraternidad”. Y, por último, están quienes se fueron. Quienes abandonaron. Quienes su límite quedó sobrepasado. Pero no se alteren. No se fueron del todo. Están echados a un lado del camino, observando nuestros pasos, escuchando nuestros pasos, acompañándonos con la mirada. Saben, sabemos, que a no tardar mucho estaremos otra vez al mismo paso.
Pues todo esto y muchos más son los colores de EPA. Colores que han dado forma a un proyecto inacabado. Proyecto que ha servido para juntar mucha de la diversidad que hay en la izquierda de este pequeño país. Diversidad que ha sido escuela de aprendizaje para todos y todas. Aprendizaje escuchando a otros, leyendo a otras, observando al de más allá. Escuchando al que habla mucho y dice más bien poco. Escuchando a quien habla poco pero dice mucho. Leyendo al que escribe con los renglones torcidos y gruñe más de la cuenta por la red; leyendo a quien, desde el sufrimiento, nos cuenta y nos comparte su dolor. Observando a quien, con su ejemplo, nos ha demostrado que la resistencia es una posibilidad infinitamente más digna que la de resignarse y rendirse; observando a quien, con ánimo incansable, nos enseña que la dignidad tampoco está en venta. Al menos, para alguna buena gente.

DOS AÑOS DE ALTERNATIVA:

Y, finalmente, la alternativa. Desde el origen, desde el principio esto es lo que hemos pretendido ser. Alternativa. Para el cambio, para la esperanza, para la regeneración y para la recuperación de un proyecto político y humano que constábamos se estaba perdiendo.
Ha sido esta voluntad de transformación lo que ha molestado, lo que a otros les ha generado incomodidad, malestar. Desde aquella lista elaborada con prisas, en precario. Desde esas enmiendas que hablaban de limitación de los mandatos, de corresponsabilidad, de respeto a las minorías, de política hecha desde la ética, de política hecha desde la ternura.
Alternativa que se empezó a hacer real por boca de quienes en nuestro nombre llamaron a votar sin miedo, en libertad. Alternativa de un 16% (que no un 13 ni un 12) que se arriesgó, que jugó a perder, que se emocionó, aplaudió y soñó que aquello era el inicio del fin de algo y el comienzo de otra cosa bien distinta.
Más tarde, también en la exclusión y la revancha de otros, seguimos siendo alternativa. En esa presidencia que tanto sudor, paciencia y lágrimas nos ha hecho correr. En el resto de órganos, en las asambleas, en las Áreas. Reivindicando otra forma de funcionar, el respeto a lo mejor que la izquierda tiene: las personas y su diversidad.
Alternativa que lo ha sido en lo político, en la denuncia de nuestra presencia en un gobierno neoliberal. Alternativa en lo ético, en la persecución de quienes se frotan las manos y se aprovechan de ser un advenedizo en eso de “tocar poder”.
Con errores, con carencias, claro. Sin saber si somos corriente, afluente, arroyo o, como tanto nos gusta decir, el ejército de pancho Villa. Eso sí. De conoceros a algunos yo creo que hasta el ínclito Rodríguez Galindo podría decir eso de “con seis hombres como ellos se podría conquistar América Latina entera”.
Seguro que nos ha faltado debatir más y hacer más. O debatir menos y hacer menos. Al fin y al cabo, siempre se puede hacer mucho más.
De momento, resistimos. Que no es poco. Y nos mantenemos en nuestros principios. Que tampoco es moco de pavo. Y, encima, nos mantenemos juntos. Que eso ya es la leche. Y, para colmo, nos siguen teniendo miedo. Eso sí que es la re-leche.
Ahora, por tener, ya tenemos hasta un manifiesto, con su encuadernación y todo. Es posible que hasta algún día hagamos una buena distribución y lo podamos presentar. También tenemos una PEPA, que no es muy funcional la verdad, pero algo facilita el trabajo. Ah. Y tenemos esa web que, a estas alturas, es la hija huérfana de Piru.
Y hasta los alaveses, siguiendo la tradición, tienen un grupo autónomo que les da calor y son la envidia de los vizcaínos.
En eso de ser alternativos también hemos hecho cosas. Y hemos entendido que eso de la izquierda plural hay que practicarlo y por eso se nos ha visto con otras izquierdas, escuchándoles y hablándoles. Y hasta con alguna izquierda nos hemos mezclado un poco y no ha estado mal. No como otros que sólo miran a la izquierda según convenga al % de votos.
Y, juntos y convocados en la lista de correo, hemos ido a Manis: por la paz, la república, contra las guerras, por el diálogo, contra la exclusión social, por los derechos para todas las opciones sexuales, por los derechos de las mujeres…
Seguro que no hemos estado prestos siempre que hemos tenido que estar. Es más que posible que seamos pelín chapuceros y nos quede mucho por aprender. A lo mejor no servimos ni para ser vanguardia ni para ser retaguardia. Puede ser que no estemos acertando y que esto de EB sea ya un caso perdido y estemos perdiendo el tiempo. Puede ser.
Eso sí. Dos años después nadie de EPA duda de aquel paso que dimos y que tanto insomnio y tensión nos creó a algunos. Hicimos, ni más ni menos, lo que debíamos.
Aquel, por mucho vocero que diga lo contrario, fue un acto de los que fundan, un acto de creación. Gentes que con principios claros, en lo político y lo ético-organizativo, dimos un paso al frente. Gritamos YA BASTA y nos pusimos en camino. En el largo camino del encuentro, la pluralidad y la alternativa.