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DECRECIMIENTO ECONÓMICO

El decrecimiento económico es un concepto político que parte de la base de que el crecimiento económico generalizado no produce efectos positivos para el ser humano y el medio ambiente. Esta idea se opone al consenso político según el cual el aumento del nivel de vida es el objetivo al que debe aspirar cualquier sociedad en el siglo XXI. El decrecimiento económico tiene como “cuasi-sinónimos” al concepto de postdesarrollo y de decrecimiento sostenible, entendiendo la sostenibilidad como una propuesta de organización colectiva para evitar las consecuencias negativas de la necesaria disminución en la producción de bienes.
En estos momentos, la teoría del decrecimiento económico está en discusión dentro de la izquierda y es asumida cada vez más por una parte del movimiento altermundista como fórmula de futuro que ponga a la persona en el centro de las decisiones políticas y económicas. De hecho, están surgiendo grupos de diversa índole (especialmente en Francia, Bélgica y Alemania) que llevan adelante la llamada “sencillez voluntaria” y que adaptan su forma de vida a esta teoría. Igualmente, están apareciendo diversas fórmulas y propuestas para que los gobiernos e instituciones supranacionales asuman la resultante del decrecimiento.

BASES DEL CONCEPTO

La doctrina del decrecimiento parte de 4 elementos:

El funcionamiento del sistema económico actual depende de recursos y energías que se van a agotar. Por lo tanto, no es viable a largo plazo.

El crecimiento económico va a tener siempre una relación directa con el crecimiento del impacto ecológico.

Los bienes y servicios producidos por las economías no son la única riqueza: también lo son la buena salud de los ecosistemas, la calidad de la justicia, las buenas relaciones entre los miembros de una misma sociedad, el carácter democrático y participativo de las instituciones, etc. El crecimiento de la riqueza material, medido en términos monetarios, se realiza en detrimento de estas otras riquezas. La persona debe volver a estar por encima de la economía.

Las sociedades actuales están alienadas por el consumo de bienes materiales fútiles y artificiales.

El decrecimiento no implica que se persiga dicho decrecimiento sin más: se trataría de un medio para buscar una calidad de vida mejor y basada en otras premisas político-económicas. Toma como punto de partida el carácter parcial de la medición que supone el PNB y afirma que si se busca el restablecimiento de la riqueza en toda su amplitud es urgente que el PNB decrezca.

DESARROLLO

El decrecimiento económico está basado en la bioeconomía del profesor y economista rumano Nicholas Georgescu-Roegen.
Nace de una controversia sobre el crecimiento, en este caso sobre el aumento del PIB. La defensa del concepto de decrecimiento se fundamenta en que el crecimiento que mide este índice es de carácter cuantitativo y no cualitativo. Lo que el PIB mide, es decir el aumento de la producción y de la venta de bienes, acentúa el desequilibrio norte/sur, la desigualdad social, la precariedad y la contaminación.
Los partidarios del decrecimiento piensan que este tipo de desarrollo económico se opone a los valores humanos que deberían fundamentar nuestra sociedad; además no tiene en cuenta el hecho de que el planeta posee limitaciones tanto en lo que hace referencia a sus recursos naturales como a su capacidad para soportar la destrucción de su biotopo. En este sentido, los/as economistas (liberales, marxistas, maltusianos …) no han salido aún del siglo XIX y siguen pensando que la naturaleza es inagotable y que sus modelos económicos se adaptan a la realidad.

Un planeta con los recursos limitados no puede soportar el crecimiento perpetuo del nivel de consumo actual basado en la extracción del stock natural y es necesario que los habitantes, principalmente de los países ricos, acepten una bajada en su nivel de consumo de energía y de bienes materiales. Esto no significa, ni mucho menos, un descenso en la calidad de vida (“La alegría de vivir” de Nicholas Georgescu-Roegen a la cual aspira todo ser humano), al contrario, la reducción del consumo y por tanto de la producción permitirían liberar a los trabajadores de labores superfluas, disminuir el stress relacionado con el trabajo y, por supuesto, vivir en un entorno menos contaminado. Una condición necesaria de esta disminución es la puesta en marcha de un sistema económico que no necesite un crecimiento perpetuo del consumo de bienes materiales, y por tanto de la producción, para asegurar su supervivencia. En efecto, la automatización y la mecanización disminuyen la necesidad de mano de obra y por lo tanto el sistema actual, basado en el trabajo asalariado, tiene la obligación de crear nuevas necesidades, por lo tanto nuevas labores para no generar un paro demasiado elevado que sería fatal para el propio sistema.

Desde el punto de vista medioambiental asistimos a una utilización masiva de recursos no renovables. Esta teoría implica un decrecimiento en su consumo o un consumo más eficiente de los recursos no renovables (carbón, gas…). Desde 1968, los expertos del Club de Roma, quienes por supuesto no tienen ninguna relación con los promotores/as del decrecimiento, avanzaron la idea de que sería posible obtener cuatro veces más  eficiencia en relación a estas energías (se trata del llamado Factor 4).

Vienen al caso las palabras de Serge Latouche (profesor de Ciencias Económicas en la universidad de Paris-Sud y miembro de la red de autoproclamados/as “objetores de crecimiento”) en su artículo para Le Monde Diplomatique “Por una sociedad de decrecimiento” en el cual explica que “Para concebir una sociedad serena de decrecimiento y acceder a ella, hay que salir literalmente de la economía. Esto significa cuestionar la hegemonía de la economía sobre el resto de la vida en la teoría y en la práctica, pero sobre todo dentro de nuestras cabezas. Una condición previa es la feroz reducción del tiempo de trabajo impuesto para asegurar a todos un empleo satisfactorio. (…) Inspirándonos en la carta “Consumos y estilos de vida” propuesto en el Foro de las ONG de Río, podemos sintetizar todo esto en un programa de seis “R”: Reevaluar, Reestructurar, Redistribuir, Reducir, Reutilizar, Reciclar. (…) Podríamos incluso alargar la lista de las “R” con: reeducar, reconvertir, redefinir, remodelar, repensar, etc., y por supuesto relocalizar, pero todas esas “R” están más o menos incluidas en las seis primeras.
Vemos enseguida cuáles son los valores que hay que priorizar y que deberían prevalecer sobre los valores dominantes actuales. El altruismo debería anteponerse al egoísmo, la cooperación a la competencia desenfrenada, el placer del ocio a la obsesión por el trabajo, la importancia de la vida social al consumo ilimitado, el gusto por el trabajo bien hecho a la eficiencia productiva, lo razonable a lo racional, etc. El problema es que los valores actuales son sistémicos. Esto significa que son suscitados y estimulados por el sistema y contribuyen a su vez a fortalecerlo”.

DECRECIMIENTO vs DESARROLLO SOSTENIBLE

El decrecimiento se opone tanto a la economía liberal como a la noción de desarrollo sostenible. Desarrollo y sostenibilidad serían, hoy por hoy, incompatibles. El desarrollo sostenible ha pasado a convertirse en un argumento que utilizan los gobiernos y las propias multinacionales para demostrar que tienen en cuenta los efectos medioambientales a la hora de tomar decisiones. Se ha transformado en la máscara para aparentar un respeto inexistente (no hay más que ver Kyoto) con el entorno. Mari Carmen Gallastegui (premio Euskadi de investigación 2005), a pesar de su  postura no radicalmente pro-decrecimiento, en una entrevista concedida a ”El Correo” hace varias semanas dice que “el desarrollo sostenible se ha convertido en un término que se pone absolutamente a todo y, al final, no significa nada. En su concepción original tuvo una virtud: decirnos que teníamos que cuidar el medio ambiente y la cohesión social, que la economía debía ser próspera para garantizar renta suficiente para todos. Pero ahora se le pone el adjetivo sostenible a todo. (…) La naturaleza nos marcará unos límites que deberemos obedecer. Y es cierto que la tecnología nos ofrecerá cierta sostenibilidad. Fíjese en los alimentos: en lugar de besugo del Cantábrico ya no sé qué comemos. Pero al final deberemos imponernos unos hábitos de consumo y de producción que tengan en cuenta los límites de la naturaleza. ¡A no ser que nos queramos cargar el planeta!”.     

3-1- EL LLAMADO “EFECTO REBOTE”

La teoría del Efecto Rebote considera que todo progreso técnico y toda mejora de la productividad, en lugar de disminuir el consumo de materias primas conduce a aumentar la producción y, por lo tanto, a consumir más.

Ejemplo 1: La llegada de la informática y de internet en sus principios hizo pensar que el soporte papel iba a ir disminuyendo; sin embargo, se constató desde el primer momento un aumento del consumo de papel. Lejos de disminuir, la informática e internet hicieron crecer el consumo: según estudios de fabricantes de materiales fungibles (por ejemplo Esselte) la demanda de papel ha aumentado en más de un 40% en las empresas que han instalado el correo electrónico; y esto por varios motivos, verbi gratia una mayor cantidad de información a la que antes no se tenía acceso que en parte acaba siendo impresa, la tendencia de muchos/as trabajadores/as a imprimir los e-mails antes de leerlos… A parte de esto no hay más que ver que a pesar de internet cada vez hay más periódicos gratuitos, más publicidad en los buzones de las casas, etc.
Ejemplo 2: Los automóviles. Hoy somos capaces de producir elementos menos contaminantes para los coches que hace unos años, pero como su número aumenta (al igual que la potencia, la masa y los kilómetros recorridos) la resultante es que la contaminación ocasionada por los automóviles también aumenta.

Ejemplo 3: El mismo argumento que para el caso anterior se puede aplicar al reciclaje cuyo efecto, si bien es importante, no es suficiente para compensar el aumento global de la producción de desechos por habitante.

Las teorías del decrecimiento determinan por lo tanto el esquema siguiente:
Cuando se llega a producir una unidad contaminando menos (o utilizando menos materias primas) se acaba al final por producir más unidades y como consecuencia por contaminar más (o consumir más materias primas).

Nota: Hay que tener en cuenta que este análisis no está haciendo distinción entre los países más avanzados, donde en principio se tiende más a una economía de servicios, y los nuevos países “emergentes” y en vías de desarrollo.

ALGUNAS CRÍTICAS

Lo primero que hay que decir es que se considera esta teoría como un paso atrás por parte de sus críticos quienes, en general, piensan más en ridiculizarla que en combatirla con argumentos serios. En todo caso, la conceptúan como un retroceso en el reloj de la evolución humana y una utopía reaccionaria.
Las críticas vienen desde:

El neoliberalismo que defiende que el crecimiento tradicional puede resolver los problemas económicos que vayan surgiendo. Desde esta posición se entiende que el progreso resolverá los problemas de la contaminación y que la materia prima de nuestra sociedad tiene cada vez más que ver con el conocimiento que con los recursos físicos. El PIB está cada vez más unido a los servicios no contaminantes y que no usan materias primas dentro de una sociedad global que funciona a base de redes. En definitiva, el capitalismo de mercado como solución.

Desde una parte de la izquierda, aun comprendiendo algunos planteamientos del decrecimiento se considera que los puntos decisivos son el control y la estrategia escogida para crecer (quién controla y quién decide). Desde esta perspectiva el decrecimiento es utópico ya que no reflexiona sobre las fuerzas sociales que pueden arrancar el control de la economía de sus actuales poseedores. Personalmente pienso que esta crítica es un tanto simplista y “escurridiza”; si bien es cierto que los/as teóricos/as del decrecimiento no ponen sobre la mesa todo un elenco de medidas para, en términos cuasi-marxistas, apropiarse del control de la economía (y del poder) esto no sólo no anula la teoría, sino que sería una oportunidad grandísima para repensar la izquierda y sus devaneos cada vez más obvios hacia la socialdemocracia y la aceptación del mercado como el campo de juego obligatorio en lugar de poner al ser humano en el centro del pensamiento.

Desde una perspectiva de desarrollo también es ciertamente problemática la cuestión del crecimiento en los países del sur y cómo casa el decrecimiento en el sur. Este elemento no ha sido suficientemente reflexionado aunque hay algún artículo sobre la cuestión que huye de las tan manidas formas de desarrollo locales (que desgraciadamente sólo pueden ser aplicadas para un número muy reducido de población dado el momento en el que nos encontramos de la dominación neoliberal) y ponen el acento en cuadrar decrecimiento con justicia social (complicadísimo en cualquier caso).

EN LA RED

Breve semblanza y relación de obras de Nicholas Georgescu-Roegen: www.eumed.net/cursecon/economistas/georgescu-roegen.htm

Artículo de LMD de Serge Latouche “Por una sociedad de decrecimiento”: www.rebelion.org/noticia.php?id=8738

Artículo de LMD de Jean-Marie Harribey “Alternativas: por una sociedad ahorrativa y solidaria”: www.rebelion.org/noticia.php?id=4293

Artículo de LMD de Serge Latouche “¿Tendrá el sur derecho al “decrecimiento?”: www.sodepaz.net/modules.php?name=News&file=article&sid=2417

Artículo (en francés) “Alternatives économiques, décroissance ou développement durable » : www.alternatives-economiques.fr/site/221_004.html

Artículo de “revistateína” de Juan Pablo Palladito “la incertidumbre, el perfecto combustible de la apisonadora ecológica neoliberal”: www.revistateina.com/teina/web/teina10/dos1imp.htm

“Bioeconomía básica” de Nicholas Georgescu-Roegen: http://habitat.aq.upm.es/boletin/n4/angeor.html

Redefiniendo el desarrollo: www.redefiningprogress.org (en inglés)

Decrecimiento y sencillez voluntaria: www.decroissance.info (en francés).

Instituto de Estudios Económicos y Sociales para el decrecimiento sostenible: www.decroissance.org (en francés).

Red de Objetores/as de crecimiento para el postdesarrollo (ROCADE): www.apres-developpement.org (en castellano, francés, inglés e italiano).

Periódico francés dedicado al decrecimiento: http://ladecroissance.net

Además, se pueden encontrar sitios de redes locales de decrecimiento, asociaciones, e incluso algún partido político por el decrecimiento (en Francia nació en abril  el “Parti pour la décroissance”).

Iñaki Valentín (Miembro de EPA )
25 de junio de 2006